Dentro de las actividades que desarrollan las empresas modernas, la producción junto con el mercadeo y la publicidad ocupan espacios estratégicos; la evolución de la sociedad, caracterizada por el avance vertiginoso de la economía liberal, el neoliberalismo, que impone nuevamente el mercado como el fenómeno regulador de la vida social, ha conducido a  fortalecer y desarrollar la actividad del mercadeo. Éste, unido a la publicidad y a otros ingredientes que con el tiempo han enriquecido y generado nuevos frentes (el concepto del producto, el servicio, los empaques, la presentación, la psicología del consumidor y otros) en relación con el producto y los clientes, se ha convertido en la actualidad en el eje de la actividad de las empresas.

 En la visión clásica de uno de los padres de la administración, Henry Farol,  constituyen dos de las actividades que toda organización debe realizar. No sobra recordar que las ya mencionadas junto a la contabilidad o el control de flujos de recursos económicos, la actividad Financiera y relacionada con el mercado de capitales, la de seguridad en relación con el cuidado a los activos y el capital humano de la empresa y finalmente la administrativa como la actividad encargada de proyectar, dirigir, organizar y controlar el conjunto de las actividades mencionadas.

De producir para un mercado donde se realiza todo lo que ofrecemos,  en una presunción de mercado perfecto donde la oferta siempre genera su propia demanda, hemos pasado a una nueva condición en la que es importante "crear demanda", seducir a los consumidores, abrir mercados, "crear necesidades", en una nueva situación donde la competencia es la presión para actuar.

Considero que esta tendencia, debe estar acompañada  de un buen producto, entendido como un bien que realmente satisface las necesidades de nuestros clientes. En tal sentido, no basta con excelentes acciones de mercadeo y publicidad; es necesario que estas actividades estén acompañadas de un buen producto, con una buena calidad y servicios.

El contenido del presente trabajo lo realice con la supervisión y acompañamiento de mi padre, Jorge Enrique Muñoz, profesor de teorías de la organización en la facultad de Ciencias Políticas, ESAP, quien con paciencia y dedicación  intentó y logró ampliar en mí una mirada social.

Desde esta perspectiva entiendo que la búsqueda de calidad y servicio en todas las actividades de una empresa es lo que conduce a procesos reales de mejoramiento continuo. Siempre es posible hacer las cosas mejor. Somos perfectibles. Y esa intención de hacer las cosas mejor al interior de la empresa y hacia nuestros clientes es lo que representa la responsabilidad social, deber de toda empresa.

Cuando pensamos en las actividades de la empresa de manera integral y conjunta y no vemos a ésta aislada de la sociedad, aparece una inquietud grande. La publicidad y el mercadeo deben pensarse en relación con la contribución que hacemos a la sociedad. No se trata solo de lograr mayores niveles de venta, mayores utilidades, más enriquecimiento. Se trata de mejorar los indicadores de rentabilidad, pero sin sustraerse de la búsqueda de bienestar social. Este puede ser un giro interesante de la iniciativa empresarial hacia la intención de conquistar una sociedad que progrese.